La derecha antisistema

En los cafés y sobremesas familiares se impone una imagen de los políticos infame. Individuos egoístas que sólo están ahí por interés propio, incapaces de superar sus diferencias por el bien de España, protagonistas de una de las páginas más tristes de la historia de nuestra democracia. A ello se le añade el descrédito de las instituciones, que aparecen como meros instrumentos en manos de esos personajes desalmados. Quizá la cosa no sea para menos.

Esto afecta a todos los partidos por igual, pero en el caso del Partido Popular, da la sensación de que la cosa le resbala. Incluso se diría que lo pasan bien con el espectáculo.  Uno ve a Rajoy, o a Sáenz de Santamaría, y parece que en cualquier momento se les va a escapar la risa. Son conscientes de que en este terreno la derecha juega con ventaja. O por lo menos esta derecha española, rancia, altiva y con una carga ideológica que no es conservadora, sino antisistema.

Compartiendo la estrategia marcada por los think tank neocon, por supuesto el PP se nos muestra como una especie de padre protector, garante de la seguridad y la unidad, frente a los descerebrados desafíos de cambio desde la izquierda. Pero en su actitud y en su estrategia, se socaban los cimientos del propio sistema. No les importa el desprestigio de las instituciones democráticas, pasar del control parlamentario, hacer un uso instrumental de los reglamentos, mangonear con la justicia, despreciar a la prensa no afín, tensionar el asunto territorial, reírse de la ciudadanía manipulando los calendarios… ¿Por qué? Por el mismo motivo que algunos grupos antisistema montan actos vandálicos y barricadas con neumáticos ardiendo: porque siguen la estratagema del “cuanto peor, mejor”. Es decir, no importa cuán desprestigiado esté el estado, porque así podrán implementar su verdadera agenda: minimizar el estado.

Como carga de profundidad contra el sistema, no es menor el asunto de mantener un Presidente que parece tonto, que no digo yo que lo sea, pero que se esfuerza sobremanera en parecerlo. Así nos da la sensación de que para mandar sobre el país, para ser el primus inter pares de ese atajo de vagos que son los políticos, no hace falta un coeficiente intelectual normalito. Rajoy se equivoca, como todo el mundo, pero persevera en el error porque le importa tres pitos aquello a lo que representa.

Así que, a partir de ahora, cada vez que digan u oigan aquello de “todos los políticos son iguales” o “total, para qué queremos gobierno, si no estamos tan mal sin él” o “en este país sobran parlamentarios”, sean conscientes de que esas expresiones están en el manual de lo que el Partido Popular espera.rajoyantisistema

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