Prohibir no es un error. Es mucho peor…

No, no se han equivocado. Saben perfectamente lo que están haciendo. Seguimos en permanente campaña y toca agitar algunos fantasmas. ¡No sea que a la gente le dé por pensar!

Otegui los agita por aquí, haciendo que sobreactúen automáticamente PP y Cs. El resorte funciona. Se trata de reforzar posiciones extremas y antagónicas: el terrorista o el luchador por la libertad; las víctimas del terrorismo o el estado opresor. Todos los bandos elevados a su caricatura. Difuminando los matices. Remarcando las arrugas de expresión de la intolerancia. Y suma y sigue.

La Delegación del Gobierno agita sus fantasmones mesetarios prohibiendo  la exhibición de determinados trapitos en la final de copa. En seguida, el efecto esperado: una descarga eléctrica conmueve el cuerpo hasta ahora latente e inerme de un “procés” criogenizado. ¡Vive! Exclaman al unísono Mariano y Carles Frankestein. Sus electorados vitorean, sus voceros estridulan con los estertores de la hedionda descarga. La razón llora y se lamenta en algún rincón.

baderas

Y ya estamos a vueltas con esa definición rancia e inmovilista de España, por un lado, y un independentismo catalán que se mueve muy bien en el victimismo, por el otro. Tensionando de nuevo desde los extremos. El paroxismo de las identidades excluyentes. La unidad de España, en juego. La libertad de Catalunya, en juego. ¿Serás tan doblemente traidor como para no participar en tan trascendente rifirrafe? ¿tan desagradecido a tu patria como para querer ver el domigo sólo un partido de fútbol?

No se han equivocado. Saben perfectamente de la eficacia de su trampa.

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