El abrazo nuevo

“Porque, sin buscarte, te ando encontrando por todos lados, principalmente cuando cierro los ojos…” J. Cortázar.

Volvemos a nacer. El escenario se desmorona, el tramoyista aprende a distinguir lo permanente y lo pasajero. Lo efímero se difumina y poco a poco se advierte de nuevo una figura perenne, que repaso con tacto atávico, y que deslumbra los ojos del primer hombre.

Sin mi permiso apareces irreverente una y otra vez, principalmente, decía Cortázar, cuando cierro los ojos. Crujen de nuevo los tabiques de mi laberinto. Me he acostumbrado tanto a imaginarte, que se me hace extraño poder entreabrir simplemente los párpados para seguir tu silueta, fundiéndose a la vida. Tendré que ir poco a poco para que no me ciegue tu epifanía. No sé, llegado el caso, si sabré extender mis brazos y llegarte de nuevo.

Qué hacer cuando el verbo se haga carne. Frente con frente. Se colmará de nuevo con tu savia. Se humedecerá tu cabello enredado en mi boca. Lianas en la espesura.

Torpe, como un adolescente, debo recordar tu geometría. Mis manos sobre el mapa, tu tacto en el recuerdo de la sagrada orografía. Te sobrevuelo alado, furtivo. Escapo de tus radares. Y brinco entre los destellos de la memoria como en una holografía, repasando la marca indeleble al tiempo y la distancia. El secreto de un texto que venció las corrientes y se hizo río, para mostrarse majestuoso, inmanente. Como siempre había sido.

Toque_de_luz

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