Un castell intercultural que mira ben amunt

Diumenge 29 d’octubre va tenir lloc a la Pl. del Rellotge del Fondo el “Castell de Tothom”, una iniciativa dels Laietans de Gramenet que va aconseguir aixecar diversos castells amb una pinya d’allò més intercultural.

38 nacionalitats van coronar l’èxit de la proposta. 39 per alguns, de ben segur. No van ser poques les conyes sobre la presència de la senyera, o si la rojigualda responia a un lloc comú o a una nació veïna. Així les coses al país, era inevitable. Al calendari del Castell de Tothom se l’ha solapat una frenètica setmana de declaracions, debats parlamentaris i publicacions de matinada en el BOE. S’ha de remarcar, en aquest context, que l’activitat no s’hagi vist intoxicada en cap moment i, ens al contrari, hagi fet gala d’un exquisit fairplay aliè a qualsevol consigna no inclusiva. Tant de bo aquest esperit regís altes esferes de la vida pública catalana.

Potser per aquest bon rotllo, tot apunta a que estem davant d’una altra d’aquestes activitats que venen per quedar-s’hi. Llegat del treball col·laboratiu que transcendeix a organitzadors i coadjuvants, sobretot perquè esdevé un símbol de la capacitat de treball conjunt, i d’allò que ens uneix per damunt de la nostra diversitat. El Castell de Tohom forma ja part de la “marca” del Fondo, de la Serra d’en Mena i de Santa Coloma. Un orgull per a totes les persones que ens sentim compromesos amb el branding d’uns barris que comencen a refer la seva personalitat, fixant-se més en els seus potencials i no tant en les seves mancances.

Un actiu imprescindible d’aquesta tasca són els Laietans. De seguida s’intueix que venen a insuflar un xic d’aire fresc al panorama de la cultura popular catalana. La seva concepció oberta del que ha de ser la promoció de les tradicions representa una estratègia molt més adaptada als temps que els excessos de naftalina que havien predominat al sector. Si hom passa una estona amb ells, podrà comprovar l’ambient familiar i el compromís que els augura un futur brillant. La ciutat requereix de més associacions amb aquesta empenta. Només Santa Coloma podia engendrar un híbrid amb aquest potencial.

Sent així les coses no podíem deixar de donar suport, des del Projecte d’intervenció Comunitària Intercultural, al conjunt d’institucions i agents ciutadans que han fet possible aquest símbol. S’han deixat sentir també el voluntarisme i la complicitat de diversos professionals de diferent àrees de l’Ajuntament. Per properes edicions és repte de tots que aquestes complicitats s’explicitin oficialment en una planificació més transversal. Encara hem d’aprendre més a treballar junts pel bé comú.

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Hay que matar a Homer: Modelos positivos de masculinidad

¿Sabéis cuántas veces he pasado por delante de una tienda de ropa para niños y me he parado por si encontraba una oferta interesante para mis peques? Exacto: ninguna. Empiezo así por dejar claro que quien escribe no sobrevuela alegremente el limbo de las buenas intenciones. No puedo ponerme estupendo, vamos.

Como en otras cuestiones, en las relaciones de género soy más partidario de la equidad que de la igualdad. “Entre todos lo haremos todo” suele ser mentira directamente, o es la antesala de un lío descomunal. Así pasa en cualquier tipo de organización, y la familiar no es ajena a tal principio. De lo que se trata es de cómo repartimos el juego, sabiendo que no siempre, ni en todos los aspectos, este reparto puede hacerse al 50%. Juegan las habilidades y disponibilidades de cada uno, los simbolismos y las ganas. El resultado final, tomado en perspectiva, es lo que debe ser armónico…. Porque de lo contrario condicionará en negativo los biorritmos y el desarrollo de los participantes en otros ámbitos de su vida. Muchas madres os pueden explicar lo que significa definirse únicamente en su rol cuidador, dificultando algo tan necesario y tan “normal” como tener aficiones que otorguen fuentes alternativas de auto-estima, de valoración y de contactos sociales, y permitan a veces utilizar y desarrollar nuevas competencias o simplemente airearse.

La distribución de cargas y tareas forman parte de ese entramado más complejo que cimenta la convivencia. Y ésta no es estática, sino fruto de una negociación constante, más o menos explícita según el caso, en la que paradójicamente algunos aspectos se van enquistando con el tiempo y dándose por hechos. Así, encontramos aberrantes desequilibrios en la distribución de las labores asociadas con la crianza de los hijos o la logística familiar.

“A mediados del siglo XX, los hombres se definían principalmente en relación con su trabajo profesional, y las mujeres, confinadas en el espacio doméstico, se definían y eran definidas por su rol doméstico, incluso cuando también ejercían una actividad profesional.”(1)

A pesar de las pequeñas evoluciones observadas, la articulación de la vida profesional y familiar evidencia una desventaja de las mujeres, confirmando la persistencia de la atribución prioritaria del trabajo reproductivo a las mujeres y del trabajo profesional a los hombres. Tales desequilibrios generan territorios ajenos y hostiles a quien decide que le son extraños. En parte voluntariamente muchos padres se quedan fuera de juego, mientras observamos mujeres con sendas responsabilidades profesionales, que portan sobre sus espaldas también el peso de la cotidianeidad.

El problema no está en los trogloditas, ni en las mujeres soberanamente machistas, que siempre estarán ahí. El problema radica en la masa de hombres aparentemente concienciados, pero que todavía no hemos reclamado nuestra identidad, a través de modelos positivos de masculinidad vinculados a aspectos como la logística familiar y la crianza de los hijos. Tardamos en reclamar la importancia de la implicación de los padres en el cuidado de los niños; la búsqueda de una mayor presencia activa durante los primeros años. Tardamos en hacer propias las reivindicaciones sobre las dificultades de conciliación de la vida familiar y la laboral tras el nacimiento de un nuevo hijo. Tardamos ya en afirmar la voluntad de dar forma a un modelo de paternidad diferente.

Porque a la que nos descuidamos estamos haciendo el Homer Simpson. Al fin y al cabo, el modelo más extendido de masculinidad en medios y redes es el de una quasi persona, inútil en la gestión de los sentimientos, superada por cualquier cuestión vinculada con la crianza, enganchada a sillón y mando, que sólo es feliz en una barbacoa dándoselas patéticamente de espalda plateada, cerveza en mano, alardeando de unos arrestos que no demuestra. Ese es el modelo de masculinidad imperante, el que nos venden día sí y día también en las comedias televisivas. Nos marca la línea a superar. Y es evidente que el trayecto sólo es posible si viene convenientemente balizado, primero, por nuestra propia voluntad de ensanchar nuestros horizontes. También por parejas, compañeras y compañeros, que permitan escaramuzas en terrenos que hasta ahora nos habían resultado extraños, sin que estos parezcan hostiles.

La geografía de estos terrenos a conquistar se compone de espacios simbólicos que están ocupados o han sido atribuidos de forma preferente a las mujeres, de manera permanente o en función de la hora del día. En nuestros barrios, los espacios destinados a los niños (parque infantil, AMPAs, entrada o salida de las escuelas…) se encuentran abrumadoramente feminizados. Algunos padres encuentran dificultades para relacionarse con grupos y redes de madres en la escuela o en el barrio, una especie de  resistencia de algunas mujeres a la presencia de hombres en sus grupos. La presencia de un hombre en según qué tiendas, en función de los productos en venta o del momento del día, solo o con sus hijos, puede resultar todavía hoy chocante. La configuración sexual de los espacios públicos, haciéndose de los espacios dedicados al cuidado de los niños espacios femeninos, como por ejemplo, la disposición de los cambiadores en baños para mujeres, permite reafirmar las normas de género. Algunos profesionales en el sector de la infancia (enfermería, profesores, pediatras) siguen considerando a la madre como persona de referencia…

En casa se sigue confundiendo a papá con Homer, poniendo en cuestión la capacidad  para cuidar correctamente a los niños y para realizar el trabajo doméstico. De ahí esa sensación de estar sometidos a pruebas donde deben demostrar no sé qué. Estas circunstancias exponen a los hombres a una falta de legitimidad y de valoración social para desajustar el modelo imperante, para construir una imagen positiva de la paternidad activa y de su implicación familiar. Y esto resulta a la vez causa y consecuencia de la persistencia de desigualdades en el ámbito de la articulación del trabajo y la familia.

Debemos pertrecharnos para conquistar territorios que nunca debieron sernos ajenos. Hay quien dirá que esa avanzadilla la debemos hacer solos, y no falta razón, pero para descifrar nuevas geografías de cambio hacen falta las claves. La llave se esconde, una vez más, bajo la almohada de la reina. Una sociedad que arrastra absurdos planteamientos de género nos ha formateado, y esa realidad no debe obviarse. Se dibuja un desafío: pensar en uno mismo (y por uno mismo) y construir una representación subjetiva de la identidad masculina positiva, vinculada fuertemente a la paternidad. Una ocasión para aprender y aprehender nuevos espacios. De lo contrario se puede dar la circunstancia de que los niños crezcan y alguno se haya perdido la fiesta.

Homer

(1) Merla, L. «No trabajo y me siento bien»: Cambios en la división sexual del trabajo y dinámicas identitarias de padres en casa en Bélgica. Cuadernos de Relaciones Laborales. 2006, 24, núm. 2 111-127

@Miralles_Martin

La clave es barrio: crónica no oficial de la Diada de la Primavera de la Serra d’en Mena

“La ciudad es hoy el espacio de todos los encuentros y, por lo tanto, de todas las posibilidades. Asimismo es el terreno de todas las contradicciones y de todos los peligros”. Carta Europea de Salvaguarda de los Derechos Humanos en la Ciudad.

El rotundo éxito de la 3ª Diada de la Primavera impulsada por el proyecto ICI en la Serra d’en Mena colomense es una gran excusa para experimentar y reflexionar sobre esas posibilidades y contradicciones. 30 actividades en dos días organizadas por 40 agentes comunitarios en colaboración, entre ellos 11 servicios diferentes de la administración municipal, 21 asociaciones ciudadanas, 5 centros educativos o 2 centros de salud. Eso son números, pero números “con recado”: de nuevo nos hemos puesto de acuerdo, y cuando lo hacemos, estallan las cadenas de los estigmas, de los apriorismos, de las rencillas y competiciones. Emerge el barrio como protagonista, y la fiesta como catalizadora, transmisora, integradora de las diferentes visiones del mundo que conviven en un territorio.

Más allá de mostrar la samosa y el pipirana, el encuentro refleja el vigor del proceso comunitario y, más allá aún, si queremos ir, debe observarse el reflejo de un proyecto socio político y ético de sociedad. Alejado de la espuma oratoria y los grilletes orgánicos, de la política frívola de los fardos, del anatemismo y la cooptación de los fieles, un proyecto en el que la comunidad pone en valor el consenso. Todavía no he visto una reunión del grupo motor en la que se plantee la necesidad de votar.

Ningún proyecto impostado laurea un barrio. Son sus múltiples personajes los que regalan fuerza e inocencia, trabajando durante meses para tejer y tejer, construyendo un discurso en positivo, de auténtica interculturalidad. Un trayecto iniciático, transformador, del contacto al colaborador, del colaborador al aliado. Se opera la transmutación de las relaciones, determinadas fibras de la red se hacen más gruesas y resistentes, más perdurables. El bien común pasa, a veces a trompicones, es cierto, por encima del interés particular, gracias a una intensa experiencia vivencial, que parte de la identificación con un proyecto que nos transciende. Un proyecto imposible con los esfuerzos atomizados. La comunidad consigue inyectar nuevos significados en las gruesas palabras. Paz, convivencia, igualdad, solidaridad…. tienen su propio siginificado en el barrio.

“El barrio es un sortilegio” diría Neruda. Gente de frontera, gente del intervalo que representa la consciencia mestiza. En el barrio caben todos los ritmos y todos los idiomas… el mundo, en fin. Lo hacemos entre todos y con nuestras manos. Grandes espacios o pequeños momentos, todos hechos a mano. Todos los barrios tienen su aristocracia, como bien advertía Serrat. Gobernantes ilustres o pusilánimes, miran al barrio mientras este se llena de epopeyas y vodeviles, de catástrofes y de maravillas. Todo se escribe en los folletines, aunque ahora tengan forma de blog colaborativo. El caso es que pasa de mano en mano, como la conversación en la panadería, la biblioteca o el badulaque. Los barrios tienen también sus héroes y heroínas. Hemos conocido a un buen puñado de ellos. Juntan sus manos para hacer una mano mayor, con la que trabajar duro y conquistar una sociedad más justa y más a su medida. Si esa mano se cierra, no lo olviden, se convierte en el mayor de los puños, la fuerza de siglos de lucha.

Mientras los estados, todos, ceden soberanía, emerge de nuevo la importancia de los barrios y la ciudad a la hora de impulsar procesos de construcción y desarrollo sociocomunitario que promuevan la convivencia intercultural. Santa Coloma lo leyó hace tiempo. Ahora toca dar un paso más. Renovar y darle nuevo lustre a las políticas de convivencia, haciendo una apuesta explícita por el trabajo comunitario, que traslade la experiencia exitosa de la Serra d’en Mena a otros distritos de la ciudad. Los resultados están ahí y pueden complementar, si somos inteligentes y sumamos, el extraordinario bagaje colomense en materia de sensibilización y gestión alternativa de conflictos.

Se dan las condiciones para “imaginar formas de acción y subjetividad política”, a través de lo que Benhabib denomina iteraciones democráticas: procesos complejos de argumentación, deliberación e intercambio público a través de los cuales se cuestionan, invocan y revocan reivindicaciones y derechos. Las ciudades son el escenario perfecto para una participación que ponga en juego los consensos que se superponen, los conflictos resolubles y aquellos con los que hay que aprender a gestionar nuevos acuerdos, que nos reinventen. Contribuimos así con pequeños avances en el lento camino hacia la democracia consensual y discursiva planteada por Habermas; reforzamos la democracia participativa, comprometiendo a las diversas culturas, clases y movimientos sociales en nuestro territorio.

Demasiado a menudo nos empeñamos en meter a la gente en los cuadraditos de nuestras encuestas y formularios, en vez de plantear una participación abierta, honesta y transparente. Cuando somos lo suficientemente audaces como para hacerlo, emerge la magia creativa del consenso, la propuesta vence a la protesta, nuevos brotes nos asaltan entre el erial. Contamos con extraordinarios profesionales comprometidos con la comunidad. Debemos seguir hundiendo con ellos las manos en la tierra y removerla. Sólo con olerla, se sabe que la primavera está aquí.Jardi

Crónica no oficial del Año Nuevo Chino en Santa Coloma

La celebración del Año Nuevo Chino en Santa Coloma encaja con esos proyectos mutantes que provocan reacciones de transformación en cadena. Es una buena muestra de cómo el trabajo colaborativo se va abriendo camino poco a poco en el ámbito de la convivencia intercultural en la ciudad. La idea no se gestó en una, sino en dos o tres conversaciones aparentemente inconexas, en las que participé hace ahora dos años cruzando los dedos, sin saber en cuál de ellas la propuesta se iría al traste en un ataque de realismo (“no hay recursos”), de realpolitik (“ahora no toca”), o por pura desidia. Paradójicamente, aunque todos los peros podrían haber ganado fácilmente la batalla, esta idea se iba escurriendo, sorteando insospechadamente los obstáculos que otrora impidieron su mera enunciación.

Yo todavía tenía el placer de coordinar un proyecto fantástico llamado Xarxa de Valors, cuando un buen día de 2015 nos encontramos algunos técnicos del Ayuntamiento hablando con la colomense Shufen Chen, uno de esos liderazgos femeninos que eclosionan en la ciudad, promotora del grupo de artistas Huaxing España, y presidenta de la Asociación para la Cultura Popular Xinesa i Catalana. Con esta aliada, fuimos sentando en la mesa a asociaciones de comerciantes, entidades de cultura tradicional catalana y otros colaboradores destacados como el CNL L’Heura. De lo que ha pasado en ese grupo entre bambalinas hasta hoy, a lo largo de estas dos ediciones, sólo me está permitido desvelar que ha habido fallos y errores de bulto, pero que el superávit de buena fe que se irradiaba ha permitido que la celebración haya sido, por segundo año, un éxito rotundo. Ya habrá tiempo de evaluaciones para entrar en pormenores.

Como este año el destino quiso que no me tuviese que preocupar de la marcha de la celebración, pues ya contaba con un nutrido grupo de técnicos del servicio municipal de convivencia, pude enristrarme mi cámara y me dediqué a mirar la fiesta con una cierta distancia. Entre curiosos, paisanos y aficionados diría que han sido miles los ciudadanos que se han acercado a esta celebración popular, otra vez. Pero más allá de las valoraciones cuantitativas, creo que la gran virtud del Año Nuevo Chino colomense es que definitivamente ha venido para quedarse. Porque lo contrario sería contra natura. Ya he explicado en alguna otra ocasión la necesidad de tener un ciclo festivo realmente diverso, y el de hoy consolida una ruta que comienza hace dos años y se proyecta sin duda hacia el futuro. No sé si alguna mente brillante lo diseñó, pero ha quedado un reparto metropolitano de las celebraciones vinculadas con la comunidad de origen chino sumamente interesante: Barcelona se ha quedado, como no podía ser de otra manera, con los grandes eventos del inicio del Año Nuevo Chino; Santa Coloma, como hemos podido comprobar, se ha especializado en la celebración que sucede en la primera luna llena del año nuevo, la Fiesta de los Faroles; Badalona, a su vez, podría apostar por la fiesta del Bote del Dragón, con vistosas demostraciones de embarcaciones.

No menor ha sido la ocasión que se me ha brindado de reencontrarme con colaboradores de lujo como Gaëlle Patin, de Casa Asia, o la admirada Begoña Ruíz de Infante, sinóloga y maestra en estas lides, seguramente buen exponente de esa manía tan colomense de centrifugar el talento.

Por lo demás, he visto cosas muy interesantes, fruto de la implementación de un proyecto con vocación comunitaria, que se enmarca en una serie de transformaciones de la cultura de organización, que se están llevando a cabo en Santa Coloma, especialmente en la Serra d’en Mena, desde hace dos años:  cómo crecen los colaboradores hasta alcanzar verdadera altura de miras, cómo se diluyen los prejuicios, cómo el grupo tira por propia inercia de los más cautelosos, cómo el buen profesional se vuelve estratega, cómo una causa acaba siendo común, cómo el dinero deja de ser un problema cuando no se tiene, etc. Y se apuntan en mi cuaderno de campo una serie de misterios a desvelar, lo que hace todavía más sugerente la posibilidad de repetir.

 

La Festa de tots (i el pregó d’uns quants)

Els que hem tingut el plaer de treballar com a gestors culturals i hem suat per programar un esdeveniment ciutadà com és la festa major, tenim clara la importància que suposa per a una ciutat aquest punt culminant del cicle festiu. El més difícil és, sense dubte, fer una programació suficientment eclèctica com per deixar content a tothom.

I es que la festa és de tothom, la ritualització última de la unitat, generadora d’un egregor ciutadà en el què, per un moment, s’oblida “que cada uno es cada cual”, Serrat dixit. Celebrem per exorcitzar els nostres dimonis, per canalitzar la violència, per oblidar-nos per uns instants de la nostra condició. Celebrem junts també com un recordatori de que un dia ens podem posar tots d’acord per fer alguna cosa, al temps vàlvula de descompressió i assaig de revolució. La dansa d’Eros i Tànatos, amb Hedoné de mestressa de cerimònies.

Ara, en aquests temps estranys de crisis, desigualtats i tensions identitàries, algú ha tingut la brillant idea de trencar l’eficàcia unificadora del ritual festiu amb una representació patètica de la divisió a la nostra societat. Un pregó alternatiu no és res més que un símbol, és cert, però tampoc gens menys que això. La força significació dels símbols comuns és cabdal per a l’harmonia i la cohesió. La festa és del poc que ens queda. Menystenir-la té les seves conseqüències.

S’ha creuat una frontera que costarà fer enrere. Els partidaris de la divisió –d’un costat o d’un altre, tant és- estaran contents, però s’han passat de frenada novament. Mentre alguns lluitem per cicles festius més inclusius i plurals, d’altres aposten per desfer ponts i ritualitzar, també, l’escletxa nacional. Divideix i guanyaràs? Segur?pregoalternatiu

Arrenca la Programació Comunitària de la Serra d’en Mena — Sóc Serra d’en Mena

Ja la tenim aquí. El procés ha estat llarg, moltes les hores de reunions i feina, però per fi la Programació Comunitària de la Serra d’en Mena ha pres forma. Una forma primerenca i encara sotmesa a molts canvis, ja que estem parlant d’un document obert al qual li manquen encara moltes aportacions. La Biblioteca…

a través de Arrenca la Programació Comunitària de la Serra d’en Mena — Sóc Serra d’en Mena

En juego la convivencia, los musulmanes como aliados

Nada más conocerse la noticia de los atentados de hoy en Bruselas, me ha llamado un amigo  musulmán, tremendamente afectado, consciente de que los terroristas buscan sembrar el odio entre musulmanes y no musulmanes. Consciente de que el arduo trabajo diario en los barrios por una convivencia positiva da un gran paso atrás con cada asesinato.

El riesgo de que se desestabilice la convivencia es alto. Vivimos en una sociedad llena de contradicciones. El ejercicio de los derechos y libertades se encuentra a menudo sujeto a arbitrariedades  y mercadeos que hacen épica la defensa del estado de derecho, de la idea de ciudadanía. Por otro lado, los obscuros intereses que mueven esa interpretación moderna y antiislámica de DAESH saben perfectamente dónde están haciendo daño. Cuanto peor, mejor.

Mi amigo sabe, porque lo ha experimentado, que son muchas más las cosas que nos unen que las que nos diferencian. Sabe también que todavía no hemos superado la atávica islamofobia de nuestra sociedad, construida sobre ese cuento llamado Reconquista. Como él son muchas las mujeres y hombres de religión musulmana, extranjeros y españoles, que son padres y madres de familia, compañeros de trabajo, maestros y médicos… en fin, que forman parte de nuestro paisaje diario, de nuestra vecindad. Este paisaje es y será perenne y estructural, mal que les pese a los intolerantes, y a los que presa de una inseguridad inespecífica proyectan sobre “el otro”, “el diferente”, todos los miedos y todas las culpas de sus males. Más temprano que tarde nuestras ciudades y pueblos tendrán mezquitas, sinagogas o Gurudwaras, templos de las más diversas religiones que contribuyen, y no en poca medida, a la cohesión social, la solidaridad y la extensión de redes que facilitan la integración y adaptación mutua a este complejo contexto en el que vivimos.

No soy partidario del antirracismo del manifiesto y la pancarta. He podido comprobar de primera mano que el verdadero trabajo por la concordia se hace sin ruido y sin prisa, trabajando de manera comunitaria, buscando rincones donde las desigualdades estructurales se diluyen en un plano de igualdad para compartir una fiesta, una reunión del AMPA o de la comunidad de vecinos, un partido de fútbol o una mani por la educación pública y de calidad. Pero quizá hoy sí que vuelven a hacer falta gestos, manifiestos y pancartas. Hace falta que todos, desde nuestro ámbito más cercano, nos comprometamos más que nunca en extirpar la semilla del odio que brota con cada estallido delirante en cualquier estación.