Ni racistas ni buenistas. Por una reflexión serena y responsable sobre la inmigración.

Para bien o para mal, la mayor parte de veces para mal, la situación de las personas de origen extranjero que eligen nuestra tierra como lugar de paso o para establecer un nuevo proyecto vital acapara buena parte de los discursos políticos, incluidas las discusiones tabernarias, familiares o las disquisiciones de sesudos gabinetes.

Algo huele a precario en la incipiente experiencia en materia de acogida y gestión de la diversidad que se impulsa desde los diversos niveles del estado y de una voluntariosa sociedad civil. Es cierto que ya se acumula know how, que hemos recopilado pistas para dibujarnos planes y programas, y que contamos con un cúmulo de buenas y malas prácticas que configuran un acervo interesante. Y no es menos cierto que el encorsetamiento de lo “políticamente correcto”, especialmente en el ámbito de la izquierda no ha permitido un necesario y sereno debate. Hemos dejado flancos inquietantes al descubierto.

En la antesala de una nueva oleada migratoria, que sostendrá nuestro sistema ante los desequilibrios demográficos de un occidente envejecido, bueno será que nos tomemos un tiempo para dilucidar las implicaciones del fenómeno en todos los órdenes a los que afecta, que no son pocos: progreso económico y calidad de vida, desigualdades y desequilibrios del estado del bienestar, auge de los nacional populismos, construcción de identidades inclusivas, nuevos pactos de convivencia en diversidad… Un desafío para el que necesitaremos mucho trabajo de fondo, sostenido y audaz, en el que poco o nada ayudan los antiracismos de manifiesto, pancarta y megáfono.

Vamos a empezar por lo obvio:

  • Todas las doctrinas de superioridad racial son burdos intentos de enfrentar a pobres contra pobres, provocando o fortaleciendo los desequilibrios en las relaciones de poder de unos colectivos sobre otros. Son científicamente absurdas, moralmente deleznables y socialmente injustas.
  • La incorporación de la ciudadanía de origen extranjero, mayoritariamente de extracción social baja, ha hecho presión sobre las grietas del estado del bienestar. La inmigración no es un problema, pero en algunos aspectos la vida social se problematiza con su incorporación. Persistir en negarlo nos hace parte del problema.

Guerra entre parias

Los extranjeros y las extranjeras que llegan han tenido que soportar en mayor medida las penurias de la crisis económica, y esto no ha favorecido su plena incorporación. Mal negocio para la deseada integración bidireccional, el vínculo potente de la ciudadanía con el proyecto colectivo que es un barrio, una ciudad, o una nación, y sin el cual es impensable la convivencia.

Imagínense el cuadro de vectores que influyen sobre una persona extranjera: a la fuerza gravitatoria que arrastra hacia abajo a la clase trabajadora en general en esta salida de la crisis ante la avería del ascensor social (su poder adquisitivo real habrá bajado como poco un 15% en los últimos años) súmenle otro vector negativo, fruto de los efectos de la llamada “asimilación descendente” (las siguientes generaciones tienen más dificultades para mantener el estatus socieconómico de partida), lo que multiplica la velocidad de caída, y algo más si resulta que el colectivo son jóvenes o mujeres, sobre los que pesa la yuxtaposición de diversos ejes de discriminación. Si además añadimos una resistencia expresada en términos de aculturación, que mina los pilares del individuo conduciendo a la desagregación, y otros factores en la órbita del síndrome de Ulises, tenemos un cóctel perfecto para que se traspase el límite del desapego, ese punto en el que se duda del autoreconocimiento como miembro de una sociedad.

Un dato que ilustra el amargo caldo de desigualdades en el que tenemos que cocinar una nueva convivencia es que si el riesgo de pobreza de la población autóctona en Catalunya ronda el 15%, el de la población de origen extranjero es del 40%. No es de extrañar que en determinados colectivos haya penetrado con facilidad un discursos victimista, al que una parte de la izquierda se suma con ese antirracismo “de la voz y el gesto”, pueril y “bienqueda”.

Por otro lado,  vastos sectores de la población “autóctona” se encuentran en tierra de nadie. Les vendieron que eran clase media y les mintieron. Como no son pobres, no acceden a las ayudas. A la dificultad por llegar a final de mes se le suman los malabarismos de la conciliación. Se sienten olvidados, y tienen algo que perder, así que se defenderán. Si cuando expresen sus miedos les tratamos de racistas, los perderemos irremediablemente.

En este marco se hace evidente la competición por los beneficios sociales del estado del bienestar, y resurgen los movimientos que reclaman la “preferencia nacional” (los catalanes o los españoles primero), convirtiendo el temor, la desigualdad y la incertidumbre en acicates de la lucha entre sujetos de una misma clase social. La guerra sin cuartel de parias contra parias. A pesar de contribuir con creces lo que reciben, se impone la percepción de que los inmigrantes compiten con los autóctonos por los recursos del estado del bienestar, y reflejan el lugar al que éstos últimos no quieren volver. El racismo convence conectando con los intereses egoístas, ideales patrióticos más o menos trasnochados, y la necesidad de seguridad. El discurso antirracista va a menudo a remolque. Como todo en esta vida los discursos extremos pro/anti se responden, se explican mutuamente y se retroalimentan (aunque ello no los sitúe en la misma escala moral).

Crack29

Un juego de artesanía e ingeniería

El asistencialismo mecánico de las políticas sociales, de su parte más troncal (educación, salud, protección social), se le ha de dotar de más recursos. Debemos garantizar el mantenimiento de una renta suficiente para la vida digna. Para esa mecánica dura necesitaremos ingenieros e ingenieras.

Pero no será suficiente. Debemos hacer florecer también la otra parte del estado del bienestar. Una parte más soft, pero que genera la nebulosa de espacios que devienen por sí mismos transformadores (espacio o esfera pública desde la mirada de Habermas, como espacios de comunicación e intercambio simbólicos). Zapadores en pos de los encuentros improbables, nuevas narrativas, nuevos relatos alejados del buenismo, impregnados de los retos que nos unen. También nuevas colaboraciones entre lo público y lo privado, que alumbren nuevas oportunidades más allá de los fuegos de artificio y las paupérrimas acciones de RSC. Revalorización, reconocimiento y legitimación de todas las partes para construir un nosotros plural; oportunidades de formación, de participación política y de relación social; espacios públicos amables y útiles; acciones a medio abierto, acompañamiento y acogida… para toda esta orfebrería necesitaremos artesanos y artesanas.

Requerimos evaluaciones serias que saquen de la intangibilidad a los proyectos sociales. Exigir resultados, no discursos. Buscar la excelencia. Ver dónde se sobreinterviene, y qué sectores de la población quedan sistemáticamente fuera de todo programa.

Tocará también ser eficaz desde el punto de vista comunicativo, tomar la iniciativa para explicar que diversidad es creatividad y progreso, que una buena política migratoria es también una buena política para el mantenimiento del sistema de pensiones. Hay que dejar de estar a la defensiva para afirmar que murió el mantra que nos decía que la desigualdad es un precio a pagar por la eficiencia del sistema. Debemos exponer que la creciente brecha de desigualdad frena el crecimiento económico a largo plazo (las economías desiguales son menos competitivas); que no es un problema de escasez, sino de redistribución; que si sufren siempre los mismos no es buen negocio para el conjunto de la sociedad. Que necesitamos más políticas predistributivas y redistributivas, y que todo lo demás son paparruchas.

Nos adentramos en un momento de aceleración, expansión e intensificación de conflictos en contextos de elevada diversidad. El prejuicio parece extenderse, y la práctica demuestra que no es suficiente munición armarse con indicadores, datos, o un ejército de fact-checkers. Si el marco mental explica la realidad a partir de una amenaza interna llamada inmigración, los argumentarios chocarán contra una pantalla invisible, impidiendo modificar las estructuras prefijadas. Sólo nos queda fortalecer el estado del bienestar y presentarlo como el espacio de seguridad para todos y todas.

Ya dije hace un tiempo que la nuestra es una sociedad de elevada tolerancia a los populismos y que todavía tenemos que ver una xenofobia particularmente descarnada y obscena, como nunca la habíamos visto. Si las instituciones parecen tabernas, las tabernas serán campos de batalla. Ojo, porque una nueva desaceleración mundial nos va a pillar recomponiéndonos todavía de la crisis. Nuestra economía tiene algunos hechos diferenciales que harán las delicias de los populismos, siempre al acecho de un buen chivo expiatorio sobre el que volcar todos nuestros males y frustraciones, individuales y colectivas. El paro de larga duración, la mayor tasa de empleo temporal y el aumento de la desigualdad y la pobreza nos destaca de la media de los países desarrollados, con el agravante de que estos tres factores afectan especialmente a los jóvenes. Toca pues salir de la pancarta y coger pico y pala. Luces largas y trabajo de proximidad para poner barricadas más útiles que las que se construyen con neumáticos en cualquier manifa. Nos va mucho en ello.

Bienestar

 

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La ciutat és socialdemòcrata

Sento sovint, massa sovint potser, allò de les “ciutats neoliberals” com si fos un tot, un absolut, un accident meteorològic inevitable que converteix les urbs en un engendre que devora les persones. Evidentment hi ha una tendència orquestrada per tal que les ciutats esdevinguin generadores de nous beneficis per al capital financer i especulador. En aquesta perversitat hi cap des de l’especulació urbanística (i els seus fills postmoderns,  turistització i gentrificació) fins a la gestió de serveis públics (veure taurons de les finances reconvertits a gestors de serveis d’escombreries o residències de gent gran provoca esgarrifances), comptant de vegades amb la connivència de polítics de tot signe.

La socialdemocràcia és l’ideal enunciat per Kaustky, de fer desaparèixer amb un gran acord l’antagonisme entre explotadors i explotats, entre capitalisme i força del treball. A partir de la Segona Guerra Mundial, amb una visió més pràctica, la socialdemocràcia és la força que ha estat capaç de teixir una visió diferent de relacions entre el capitalisme i el socialisme, buscant enfortir la capacitat redistributiva de la riquesa, una fiscalitat progressiva i la xarxa de serveis i assistencial que coneixem com a Estat del Benestar. Com ens recordava en Francesc Trillas, és la formula política que ha garantit més benestar a més gent en la història de la humanitat. Avui el capitalisme financer ha trencat aquest acord, enfilant-se perillosament per una pendent d’explotació que pot esdevenir suïcida (la sobreexplotació de les classes populars minva finalment el consum…) per no parlar de les terribles conseqüències que estem patint a nivell de justícia social. Per altra banda, sorgeixen de nou moviments subversius d’extrema esquerra i d’extrema dreta, sustentats sobre l’onada de nacional populisme que s’estén a escala global.

Entre mig de tant voltor, com és que goso reivindicar la ciutat com un espai “naturalment” socialdemòcrata? Doncs perquè al final, com cantava Serrat, detrás està la gente. Sota totes les capes de pol·lució moral, hi ha la gent que fa la ciutat cada dia. Botiguers, taxistes, mestres, alumnes, pares i mares, avis… tots ells fan la trama, el mastodòntic però harmònic engranatge urbanita. Tots ells negocien i renegocien a cada pas les normes consuetudinàries de la nostra existència urbana. Són els constructors de l’egregor que fa possible que jo pugui enviar el meu fill a comprar el pa, que podem passejar amb tranquil·litat per les voreres, que malgrat tot visquem en un entorn de raonable seguretat i expectatives. Són els que fan, amb les seves mans, el disseny dels camins i itineraris que defineixen els barris per sobre de les fredes i irreals distribucions administratives. Són la pulsió viva dels nostres carrers.

Això genera un espai creador, col·lectiu, de transformació sostinguda i no d’insurrecció. La ciutat, al igual que la socialdemocràcia, és acord. És la negociació quotidiana de la convivència. Li cau molt bé a les ciutats el caràcter reformista d’alcaldesses i alcaldes, per tal d’aconseguir millores socials. La forma local de l’Estat, els Ajuntaments, deixen de ser instruments de dominació de classe com sosté la visió marxista ortodoxa i passen a ser els guardians privilegiats de l’interès general de la ciutadania, doncs la proximitat els defineix. Com va dir l’Eva Granados, la tasca dels socialistes “no es tracta d’assaltar els cels, sinó d’evitar que hi hagin inferns a la terra”.  Les nostres ciutat són immenses xarxes, grans projectes col·lectius inclusius de totes les diversitats. Per això són socialdemòcrates de mena.

kaustky

Al meu país hi cap tothom

Al meu país hi cap tothom. Hi cap la gent que vol tenir un estat propi, sempre que respectin les lleis o facin les reformes democràtiques necessàries per assolir el seu somni. Gent independentista que no fa de la identitat la seva militància. Gent que estima la terra, la llengua i la cultura.

Hi cap la gent que no vol la independència, però que veuen legítim que d’altres aspirin a tenir un estat propi. Gent unionista que no fa de la identitat la seva militància… Gent que estima la terra, la llengua i la cultura.

Hi cap també la gent com jo, que pensem que les reformes són imprescindibles, però que no considerem que tenir un estat propi solucioni res. Gent que sap que els estats i les lleis són artefactes humans i, per tant, són modificables. Gent que no creu que hi hagi presos polítics, sinó polítics presos, i que tant de bo estiguessin ja a casa a l’espera del judici que determini o no la seva culpa. Gent que procura que ni els uns ni els altres facin de la identitat la seva militància. Gent que milita en les identitats plurals de les societats plurals que ens ha tocat viure. Gent que estima la terra, les llengües i les cultures. Gent que estima la gent.

Hi cap també la gent que tot plegat se la bufa. Gent que ni milita ni militarà ni en identitats ni en ideologies. Gent que té la pàtria en els ulls dels seus fills, i la política monetària en els cambalaches per arribar a final de mes. Gent que estima pel plaer d’estimar, i es beu la vida d’un glop.

Hi caben també, of course, els intolerants de tota mena, d’estelada i d’aguilucho, els que tenen por i l’expressen assenyalant a l’altre, al pobre normalment, al diferent, a l’últim en arribar… Els que t’etziben i t’assetgen perquè en el fons les seves inseguretats els impedeixen dubtar, no diguem rectificar. Tots ells hi caben, tot que no estimin les gents, ni les llengües, ni les cultures, ni la terra. Procurarem, però, que no arribin a manar.

I hi caps tu, que no t’enquadres en res del que he dit. I tant que hi caps! La teva llum potser serà imprescindible quan en el meu país tota aquesta gent que hi cap no sigui capaç deposar-se d’acord en el més senzill: viure junts en pau i llibertat.

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El diàleg interreligiós a Santa Coloma perd el seu referent associatiu

Ahir dia 27 de juny ens vam reunir prop de 50 persones a la Biblioteca Can Peixauet per certificar, en un senzill i emotiu acte, la desaparició oficial de l’Associació Colomenca pel Diàleg Interreligiós (ACDI).

Entre els presents, l’actual junta i la presidenta, la Mercé Penalba, assistida en tot  moment per la incansable Maria Jesús Zabalza, i l’ànima (i el cervell) dels primers moments, en Rafa Crespo i il·lustres com ara Mn. Jaume Aymar. També representants de la comunitat musulmana Tajdid, així com de la Federació Comissió Superior de la Cultura i dels Musulmans Catalans (FEDERACSCIM). Absents per diversos motius, però molt presents en les diverses intervencions, van ser l’Agustí Viñas, en Joan Medrano, Taoufik Cheddadi, Pol Ackoo o la Maria Font. L’Ajuntament de la ciutat estava representat pel regidor Lluís Fuentes, responsable de Drets Socials i representants tècnics del servei de convivència, la directora de la biblioteca, la Lourdes Reyes, així com del Projecte d’Intervenció Comunitària Intercultural (ICI).

La història de l’ACDI es remunta a 2004. La ciutat va patir aleshores un d’aquells fenòmens de rebuig que posen a prova les resistències del teixit social, quan alguns veïns del barri de Singuerlín es van negar a l’obertura d’un centre de culte musulmà. D’aquell conflicte, d’aquella negociació, ja van sorgir algunes iniciatives de diàleg i coordinació entre les diferents confessions, i es va evidenciar la necessitat de disposar de referents veïnals que poguessin donar suport a l’acció de l’administració quan succeeixen situacions d’aquestes característiques. Quan les coses es posen realment difícils els moments d’aprenentatge col·lectiu es multipliquen. Va ser llavors que es va generar un espai de diàleg interreligiós en el marc d’un projecte municipal aleshores també incipient: la Xarxa de Transmissió de Valors.

No va ser però fins al novembre de 2005 que no es va explicitar la necessitat de constituir una associació, en el benentès que el diàleg interreligiós no podia dependre de la conjuntura política de torn, precisament per la importància de la qüestió a  l’hora de bastir la convivència a la ciutat. I encara va trigar quasi tres anys en materialitzar-se la proposta: el 28 de novembre de 2008 es presentava, a la Sala Brossa de la Biblioteca Can Peixauet.

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Acte de presentació pública de l’ACDI. Novembre 2008. Biblioteca Can Peixauet.

Allò que va nèixer com un espai de trobada vinculat a la Xarxa de Transmissió de Valors esdevenia una entitat. L’impuls institucional cedia doncs el relleu a la societat civil, i junts vam emprendre un camí de col·laboració que duria, els anys posteriors, a algunes de les iniciatives més importants que ha desenvolupat l’ACDI, com ara l’elaboració del Mapa de Creences i Conviccions de Santa Coloma de Gramenet, editat al 2010 gràcies al treball de l’ACDI capitanejat de manera impecable pel Joan Medrano, al suport conjunt de l’Ajuntament, UNESCOCAT i la Fundación Pluralismo y Convivencia (la fundació estatal depenent del Ministerio de Justicia que s’engarrega de la gestió de la diversitat religiosa).

El propi Ministerio de Justicia, a través de l’Observatori del Pluralisme Religiós a Espanya, va arribar reconèixer com a bona pràctica la feina desenvolupada per l’Ajuntament de la ciutat en relació a l’acompanyament a les comunitats religioses en l’obertura dels llocs de culte.

D’ençà n’han passat moltes coses, algunes fetes amb molt bon criteri. Per esmentar un parell, els tallers sobre diversitat religiosa duts a terme en el marc del Programa d’Activitats Educatives Complementàries al Currículum que gestiona el Servei d’Educació Municipal, o les tertúlies que amb periodicitat quasi bé mensual servien de punt de trobada, coneixement i aprenentatge, també a la Biblioteca Can Peixauet.

Arribat a aquest punt, com bé va apuntar ahir el Rafa Crespo, cal fer menció i reconeixement al paper de les biblioteques en la vida de l’ACDI. No podia ser d’una altra manera, si el tarannà d’aquests equipaments ha estat sempre el de servir com a referents de la vida comunitària dels barris i centres de coneixement.

Algunes notes sobre la gestió del pluralisme religiós

  1. S’ha de reconèixer el paper de la gestió pública dels afers religiosos, des d’una perspectiva laica. Un partit de futbol és un esdeveniment privat, però els Ajuntaments han de preveure determinades conseqüències de la seva realització (sovint es reforcen els dispositius de seguretat i transport públic, per exemple). Un important percentatge de la població es declara creient. És irrellevant si ens agrada o no, si ho entenem o no, doncs estem parlant de l’aplicació pràctica d’un dret fonamental reconegut a la Constitució Espanyola i a la Carta de Drets Fonamentals de la Unió Europea. Tant fora de la realitat (i del marc legal) està la posició de qui creu que les religions han d’influir més en l’estat, com qui pensa que les religions es poden circumscriure únicament a l’àmbit privat.
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Fuente: elaboración propia Delgado L., Miralles M. 2016

  1. Per altra banda, és un fet constatat que la instal·lació de llocs de culte afavoreix processos d’integració positius. Tenen capacitat per minvar la marginació al seu voltant i esdevenir una palanca, un punt de suport positiu per determinades interlocucions. Les religions són capital social, i els seus centres de culte també. Hem de reconèixer el paper de les diferents comunitats religioses com a factor de cohesió social i la seva aportació en positiu a la construcció de la vida pública comuna.
  2. Cal apostar explícitament sempre pel diàleg com a fórmula de coneixement mutu, per tal d’harmonitzar diferents maneres d’entendre els espais públics i la vivència individual i col·lectiva de les diferents conviccions presents al nostre territori. És evident que la convivència pot alterar-se amb motiu de conflictes d’índole religiosa, d’altres que poden tenir a veure amb la instal·lació dels llocs de culte, i d’altres que, tot i que indirectament, poden ser percebuts com generats per les comunitats religioses. Per això és important vincular el paper de les administracions en la gestió del pluralisme religiós amb les polítiques de convivència. Per això és important, si les coses es posen difícils, comptar amb referents de la societat civil amb capacitat mediadora.
  3. Tenim debats pendents en relació amb la garantia de l’exercici del dret de llibertat religiosa. Preguntes sense respondre respecte a la ubicació digna dels espais de culte, els menús adaptats a les escoles, l’ús del vel als equipaments públics, l’adaptació de cementiris i enterraments…

La realitat es complexa, i la gestió és complicada. No hi caben simplificacions artificioses ni arbitràries, ni la temptació de l’ajornament sine die que dóna lloc a polítiques més reactives que proactives. Ahir vam certificar l’enterrament d’un projecte, però la idea segueix viva i vigent. Cal que ens posem a la feina. Dins del replantejament a futur de les polítiques de convivència a Santa Coloma, caldrà remarcar la necessitat de generació d’un espai de trobada de la diversitat de conviccions de la ciutat. És cert que la responsabilitat és del conjunt de la comunitat, però també ho és que les condicions s’han d’afavorir a partir de polítiques públiques.

Rellenar los significantes vacíos

Orwell apuntó con inquietante exactitud las vergüenzas de nuestro presente. Y entre otras cosas imaginó el uso de una versión extremadamente simplificada del idioma para dominar el pensamiento, a la que llamó neolengua. En la neolengua se eliminan o substituyen los significados de las palabras, para favorecer la manipulación. Lakoff ya nos advirtió de la habilidad de los think tank neoliberales para generar marcos mentales en los cuales nuestra visión del mundo se acomodara al modelo ultraconservador. Y a fe mía que lo consiguieron, no sin primero invertir un buen puñado de millones de dólares en sostener sus estructuras de pensamiento.

No es nada nuevo y es altamente tentador el uso del lenguaje Orwelliano, tanto que hoy en éste como en otros sonrojantes aspectos hemos superado con creces la barrera de lo obsceno. Piensen cuántas veces hemos visto a políticos de todo pelaje y otros vendedores de alfombras hacer malabarismo semántico. Ojalá el Estado recaudase un euro por cada vez que se mancilla la palabra libertad. De buen seguro tendríamos bien llena la hucha de las pensiones.

Y en este contexto favorable a la proliferación de los populismos, es Laclau quien sonríe desde su tumba cada vez que los líderes de la supuesta nueva izquierda juegan a prestidigitadores semióticos. Son los reyes del postureo, los maestros de los significantes sin significado, que puedan ser utilizados según convenga para aglutinar esperanzas que les aúpen al poder. Da la sensación de que el chiringuito construido a base de significantes vacíos puede ser bastante eficaz… hasta que nos encontramos con el terreno de lo concreto. Hasta que las oratorias se transforman en presupuestos. Hasta que la protesta tiene la obligación institucional de convertirse en propuesta.

Hasta que Ada Colau llegó a ser Alcaldesa de Barcelona a todos nos daba la sensación de que iba realmente a insuflar aire fresco a las moquetas del ayuntamiento. Por ejemplo, su halo de activista hacía presagiar una transparencia en la gestión pública que sirviera de ejemplo regenerador. Con los primeros nombramientos ya se observaron ciertos deslices hacia el nepotismo, y la cosa ha ido ciertamente a peor atendiendo a los pactos en la penumbra que favorecieron el apoyo de los aliados que deben sustentarla en este tramo final del mandato. Arriesgado y oscuro juego que no se soluciona con un aparente portal de transparencia en la web municipal.

Pero este es sólo un ejemplo. La transparencia no es sólo una bonita palabra, ni un deseo. Debe ser llenada de significado a través de la acción política. Lo mismo pasa con la igualdad de oportunidades, con la libertad, u otros conceptos más que sobados. Somos los ciudadanos los que debemos exigir a nuestros representantes que no nos tomen por el pito del sereno. Somos nosotros los que debemos comenzar a rellenar los significantes vacíos.

Pompas

Xenofòbia: el pèndol del populisme post-procés

El procés ha copat les quotes de populisme dels discursos, bé sigui per l’exacerbació a favor o en contra. Enrere ens ha deixat un erm panorama ple de construccions maniquees, distorsions, cosificacions de l’altre… Un bon grapat de ciutadanes i ciutadans s’han convençut que la “seva” postveritat era La Veritat, i que això impel·lia, per una sort de llei de la selecció natural, a l’extinció o la irrellevància de les postures contràries. De ben poc han servit els arguments més racionals, d’una banda o una altra. Els matisos han mort. El dubte és traïció. Les terceres vies són durament castigades a les urnes.

Els perversos algoritmes de les xarxes han estat coadjuvants de la situació, fent-nos emmirallar en continguts propers a les nostres afinitats, actuant com a caixes de ressonància per donar-nos la raó. La temptació del bloqueig i l’unfollow és molt gran.

Hem generat anticossos per conviure diàriament amb la manipulació d’uns i altres. Ja no ens espanta la mentida feta titular. Les piulades ofensives han passat a ser part de la nostra vida quotidiana. La opinió s’ha menjat la informació. Aplaudim els mestres de la prestidigitació, els venedors de fum. Som adoradors exacerbats de la religió del zasca. Amb tot, el resultat és que ens hem convertit en una societat d’elevada tolerància als populismes.

Però el cas és que, tard o d’hora, el debat entre nacionalisme central i nacionalisme perifèric, que tants rèdits ha donat a polítics mediocres i il·luminats, acabarà perdent punch a les tertúlies quotidianes i, en paral·lel, als mitjans. Ja es nota una certa fatiga de materials. I llavors què? Tothom pot intuir la llei universal que apunta la necessitat que té tot buit d’omplir-se de nou. Així passa amb les modes, i també passarà amb l’enorme espai guanyat pel populisme: un populisme serà substituït per un altre.

I com s’omplirà el buit deixat per la dialèctica immobilisme vs. independència? Aquí va una predicció, tant de bo m’equivoqui: serà la xenofòbia, en una forma descarnada i obscena com mai no l’hem vist al nostre país, qui protagonitzarà l’eix dels nostres debats públics i privats. Trumpisme d’aquí i d’allà. Així ha passat al nostre entorn més homologable, sense anar més lluny a les darreres eleccions italianes. Fins ara ens hem lliurat perquè estàvem obnubilats, pensant que la nostra miserable disputa era el centre de l’univers. El món ens mira, dèiem.

Però dintre de poc les mentides que deglutirem amb entusiasme seran sobre la maldat dels musulmans, sobre allò que ens estan robant els immigrants en lo material i en lo cultural, sobre la tendència de determinades cultures a maltractar dones o infants, sobre la usurpació de l’estranger pobre i el llast que la seva pobresa representa per al nostre minvat estat del benestar. Ells i elles, novinguts o ja no tant però diferents, esdevindran el punt de mira a on projectar les nostres frustracions com a societat. Ja ha passat altres vegades, però mai en la història recent no havíem sigut tan permeables al deliri.

Dubto que es pugui evitar, però fora bo que especialment a l’àmbit de les ciutats es reforcin les iniciatives per tal de construir un relat, un nou marc mental que vinculi diversitat i harmonia, convivència i progrés social i econòmic. Potser així podem fer un dic, perquè l’onada serà gran, tant com els populismes presents i passats, o potser més.

discriminacion

Confucio, el puente con China

Recientemente he tenido la ocasión de visitar China, invitado por el gobierno municipal de Jining, para promover las relaciones fraternales y el intercambio con ocasión de la celebración del Festival Internacional de Cultura Confucio. Ahora que andamos ya en medio de las celebraciones del Año Nuevo chino, aquí os dejo algunas de las impresiones del viaje, la mar de subjetivas,  que sin ánimo de hilvanar un estudio de la más mínima profundidad, quizá pueden dar alguna pista para comprender algo más a nuestros vecinos y vecinas venidos de aquellos lares.

Si este modesto relato es posible es gracias al buen hacer de dos amigas y referentes, Shufen Chen y Begoña Ruíz de Infante; la una como verdadera responsable de nuestra presencia allí, y la otra por su cálida compañía, su paciencia, y los conocimientos sobre la cultura y la sociedad china que fueron una referencia básica para sacarle provecho a esta aventura.

Durante seis jornadas visitamos la provincia de Shandong, situada al Este del gigante chino, y en ella las ciudad-prefectura de Jining, Qufu (dentro de la anterior) y la capital de la provincia, Jinan. Para que nos hagamos una idea de las dimensiones, la provincia agrupa unos 100 millones de habitantes, y solo la ciudad de Jining cuenta con ocho millones de almas. Lo de la dimensión no es baladí: allí todo funciona a una escala mayor. Cabe decir que el grueso de la comunidad china en Catalunya no procede mayoritariamente de Shandong, sino del sur de la provincia de Zhejiang, del distrito de Qintian, zona rural, por cierto famosa por sus maestros talladores de piedras.

Un repaso a vuelapluma

Dice mucho de China que no sintiera la necesidad de conquistar otras tierras. Su propio nombre Zhongguo, significa “el país del centro”. Consideraban tener dentro de sus fronteras todo lo necesario. Y si no que se lo digan al primer embajador británico que visitó al emperador manchú a finales del S. XVIII y se llevó puesto un zasca de talla histórica… “no necesitamos nada”. Esto puede que marque gran parte de su visión del mundo pero no es incompatible con la amabilidad, hasta la exageración, las ganas de quedar bien y la predisposición general a echar una mano, cuando lo hemos necesitado. Y cuando no, siempre cabe recurrir a un lenguaje universal: en la estación de Beijing, por el módico precio de 40 Yuanes, pudimos sortear las (inmensas, pero ordenadas) colas y que nos llevaran el equipaje…

Las tardes en los parques nos han deparado imágenes cotidianas que rompen mitos, precisamente porque nos resultan tremendamente familiares: gente en el parque con sus hijos. Familias que disponen de tiempo para el ocio. Recintos turísticos llenos de personas locales. En las calles de Jining, grupos de jóvenes habían conectado sus equipos de sonido y bailaban, divertidos… y a la postre ordenados, diría yo. Todo normal, vamos.

Curiosa la emergente clase media. Buen poder adquisitivo, al mismo tiempo que gran afección por el régimen. Viven el sueño chino. Su mundo es mucho mejor que el que vivieron sus padres, mejor que el que pudieran soñar sus abuelos. Son alegres e instruidos. Falta ver si les siguen en optimismo sus hijos milenials

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Instituto Shandong de Socialismo y Cultura China

Escapándonos momentáneamente del programa oficial del Instituto Shandong de Socialismo y Cultura China, donde tuvimos el honor de estar alojados en el primer tramo de nuestro viaje, entramos en una de las facultades del enorme campus. Hemos visto aulas dignas, funcionales, clases en inglés, elementos para el trabajo online de los estudiantes… Nos acercamos también a las residencias de los estudiantes,  dotadas de su correspondiente olor a hormonas. Algunos elementos externos como el comedor o las tiendas del interior del campus, todavía mantienen ese característico toque cutre “todo-a-cien”, pero todo parece funcionar más que correctamente.

Al contrario de lo que se observa en el conjunto del área urbana, en el campus el uso de la bicicleta es más numeroso que el de los escúter eléctricos. Parece ser que andan ahora preocupados por el sedentarismo de los jóvenes, quizá fruto de la obsesión de los padres por los estudios, dotados de una importante carga simbólica, como una auténtica palanca de ascensor social de una competencia feroz.

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Residencia de estudiantes

Como perico mi única decepción fue comprobar que sigue abriendo más sonrisas el nombre de Messi y del Barça, que el del RCD Espanyol, aunque cuando explicas la presencia de Mr. Chen arrancas algún gesto de complicidad. Nos queda mucha piedra que picar.

Tradición y modernidad

China_yinyang_25En el recinto universitario una colosal imagen de Confucio nos recibe. El lugar es magnífico. Sendos edificios muestran con desparpajo el poder del estado. Dentro del recinto todo es paz y orden. Un jardín precioso, pensado para meditar, nos hace dudar de si se trata de la impostura moderna de algo perdido, o la persistencia perenne, por encima de las eras, de ese “algo”.

Omnipresente el Yin Yang y los hexagramas que predicen el futuro en el I Qing o Libro de las Mutaciones. Los aparentemente opuestos y complementarios que forjan y hacen evolucionar la manifestación. Así es China, pero caramba, es que así somos todos…

digSi uno visita el clúster de desarrollo industrial de alta tecnología en Jining, se cerciora de que lo mejor está por llegar. Es evidente la apuesta por más calidad en el crecimiento económico, más innovación y desarrollo: nuevos materiales como el grafeno, maquinaria pesada, software, biotecnología…

OLYMPUS DIGITAL CAMERAChina_Batou_25Te puedes encontrar con paisajes urbanos propios de Blade Runner, con esa neblina más que sospechosa, atravesados por el extraño contraste de jardines como el de Baotu, en Jinan, con sus 72 fuentes, lugar de encuentro documentado desde hace más de tres milenios, que cuenta con espectaculares pabellones dedicados a una poetisa local del S XI.OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Casi todo el mundo, de cualquier edad y condición, ya ha dejado la tarjeta de crédito y todo, todo, se paga a través del teléfono móvil. Gastos grandes y pequeños, en la frutería, en el mercado, o en la boutique.

Dos retos parecen situarse en el horizonte chino: el medio ambiente y el encaje de esa clase media, esa que se divierte sumida en los netos resultados de la potencia mundial, y su positiva repercusión en sus proyectos de vida (incomparablemente mejores que generaciones anteriores), viajados y conscientes de otras realidades. Veremos si el potente y avispado gobierno chino posee también entre sus virtudes la flexibilidad del bambú…

Confucio, el puente

En Qufu tuvieron lugar los impresionantes fastos de la celebración del aniversario de Confucio, que marcaron las etapas finales de nuestro viaje. El templo y el cementerio de Confucio y la mansión de la familia Kong en la misma ciudad son Patrimonio de la Humanidad. Y no es difícil imaginar que realmente esta figura puede ser una de las piedras angulares de los nuevos y necesarios puentes entre China y Europa.

China_anivConfucio_25En efecto, Confucio tiene la particularidad de ser un elemento conocido y reconocido en occidente. Forma parte de aquello que nos une. La creciente presencia del Instituto Confucio no deja de ser un indicativo del camino a seguir.

Confucio_20%Todavía cobra más importancia si tenemos en cuenta la pugna china por llegar a ser la primera potencia mundial. Si el liderazgo chino ha venido para quedarse como uno de los actores fundamentales en este nuevo orden mundial que va emergiendo poco a poco, este liderazgo internacional puede basarse en un modelo moral… y ahí Confucio. El reto de la reputación. China no provoca los rechazos que suelen acompañar a otras grandes potencias…

La diplomacia china ha ido de la mano de sus empresas, y creo que ahora necesitan un ariete cultural que complemente su inteligente estrategia económica y comercial, con la que han aumentado su presencia en prácticamente todos los países y regiones del planeta. La China de Xi Jinping da de hecho un paso significativo al virar su interés hacia la promoción de la cultura. Como dato, más de 400 think tanks alentados por el Gobierno han florecido por todo el país especialmente en los últimos 4 años. Por delante la ingente misión de conseguir  proyectar una imagen más abierta y cercana, que genere conexiones emocionales y que conecte con los valores emergentes. Imprescindible trabajo que requiere de creatividad, audacia, paciencia y perseverancia. Requiere de puentes.

Nuevos retos en la relación con Europa

Zhongnanhai sigue teniendo en lo que se ha llamado Nueva Ruta de la Seda el gran programa de inversiones en infraestructuras, buque insignia de la política exterior de China, que conecta las mercancías por vía terrestre de Asia con Europa. De alguna manera aflora continuamente la conciencia de que tiene por delante el reto de conectar con los europeos. Pivotando sobre una política exterior más asertiva, aprovechando los desequilibrios y espacios liberados por la administración Trump… Incluso es notorio el acercamiento con el Vaticano, en algunos aspectos.

Será necesaria pues una inteligente estrategia de comunicación, con nuevos medios, así como incrementar las relaciones públicas, las fundaciones, los mecenazgos… Y todos tenemos que poner nuestra habilidad en cómo se construye esta relación más intensa, para que no genere nuevas servidumbres y desequilibrios. Además del papel dinámico que tiene la comunidad china en nuestras ciudades, hay que subrayar que China es probablemente el segundo país tenedor de deuda española, después de Francia. Famosas son las desafortunadas declaraciones de José María García-Margallo, cuando espetó en directo en TVE que “bastaría un clic en un ratón en un ordenador chino para que este país se encontrara una prima de riesgo como la que teníamos hace años”. Más allá de lo exagerado de la afirmación, será mejor tejer relaciones de mutuo provecho. Los puentes. La cultura.